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De Quimeras y Ensoñaciones

Azul, Blanca y Rosa.


Tenía dos pasiones.
Azul, Blanca y Rosa.
Las motos y las mujeres, y no precisamente por este orden.
Blanca, Rosa y Azul.
Tenía una mujer que le quería y otra a la quería él.
Rosa, Blanca y Azul.

Decía que podía ir de Huelva a Girona ó de Almería a A Coruña, por caminos, trochas, rodadas y sendas, sin tomar ninguna ruta de asfalto, salvo para repostar combustible para la moto ó para él. .
Se había casado con Blanca cuando contaba apenas dieciocho años y ahora tenía veinticinco.
Estaba enamorado de Rosa desde hacía cinco meses, de forma apasionada y arrebatadora.
Su esposa era Blanca y su amante Rosa.

Su moto, con la que practicaba sus entrenamiento y sus pruebas, preparatorias para su sexto campeonato de España de enduro, era de color Azul, y la gente del circuito motero le habían apodado la Ardilla Azul, por similitud - a sus continuas retóricas en atravesar España usando solo caminos sin asfaltar - con la de la leyenda aquella que narra como una ardilla era capaz de cruzar el país de Norte a Sur, sin descender de los árboles.

La amante, Rosa, era la mujer perfecta en todo, belleza, inteligencia, simpatía, carisma, don de gentes, y ello le había servido para hacerse estimada y respetada, muy popular, hasta el extremo de haber conquistado el mundo del celuloide por su talento, alegría y espontaneidad, una estrella del cine nacional, en ciernes de dar el salto para cruzar el charco y conquistar Hollywood.

La Ardilla Azul decía que era imposible que los del SERPRONA (Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil) le pillasen alguna vez, y para aseverar esto, cuando circulaba por cañadas reales ó caminos prohibidos a su moto, destornillaba la placa de la matrícula y la guardaba a reguardo de la posible vista de los del SERPRONA, porque decía que pillarle, persiguiéndole, nunca lo harían, con esos “hierros” de motos que se gastaba la guardia civil. Y si en alguna rara ocasión le parasen en una “emboscada”, pillándole infraganti, en una senda prohibida y no pudiese huir, simplemente argumentaba que el tornillo que sujetaba la matrícula había saltado y para no perder la placa, la había guardado. Aunque esto no le librara de la sanción, al menos no la incrementaría.

Blanca, la esposa, era una mujer enamorada, cariñosa, dulce, sencilla, enfermera de una clínica privada, sin más pretensiones ni aspavientos que vivir el día al día y viajar siempre que le era posible, acompañando a su marido cuando este disputaba competiciones lejos de casa.

Azul conoció a su amante, Rosa, después de la prueba de los Seis Días Internacionales (ISDT, International Six Days Trial), aquella prueba que le encumbró al éxito del reducido circo motero del enduro, al resultar vencedor, y gracias a la cual, le ofrecieron un acuerdo para rodar un spot publicitario para una marca de motocicletas; realmente más que rodar el spot, su trabajo consistía en enseñar a Rosa a mantenerse de pié en una moto, y él, solo -esta vez sin la compañía de Blanca por motivos laborales- y lejos de casa, se dejo llevar por el encanto y atractivo de aquella mujer, con la que empezó a vivir un romance intensamente apasionado, irresistible.

Ese romance supuso el primer y único deterioro en las relaciones entre Blanca y Azul. Las mujeres, por naturaleza, suelen darse cuenta de estas cosas, y Blanca lo hizo. Azul había cambiado, no era el mismo, estaba taciturno con ella, ausente, culpable e intuyó que algo pasaba y no le fue muy difícil averiguar que había una segunda mujer.
A pesar de que eso le hizo mucho daño, se propuso que ella lucharía lo indecible por no perderle.

Estaba enamorada de él como el primer día.

Empezaron las peleas y los enfados.
Azul estaba atrapado entre dos mujeres, igual que Richard Gere en su película, entre dos mujeres que veían la vida de forma diferente, entre el cariño y la pasión, entre la serenidad y la belleza, entre el amor y el delirio, entre la candidez y el frenesí, en fin, entre el calor del hogar y el fuego idolatrado.
Su intento de buscar la felicidad estaba haciendo mucho daño a otras personas.

Y llegó un día en que debió decidir.

La amante, Rosa, le dijo a Azul que su representante le había conseguido un maravilloso contrato por un año en Norteamérica, en una exitosa serie de televisión, y no podía renunciar a la mejor oportunidad de su vida.
Partiría hacía los Estados Unidos en tres semanas.
Le dijo a Azul que quería que le acompañase.

Y él no supo que hacer, no lo supo hasta el último día, porque tenía miedo y se sentía confuso, errático, dubitativo. Durante esas tres semanas, permaneció mas tiempo sobre su moto, -perdido en el campo, para no meditar, para no pensar, alejado de todo- que con sus dos mujeres.

Pero el último día lo supo, y decidió seguir a Rosa.

Y fue cobarde y no pudo decirle nada a Blanca, su mujer, cara a cara, no podía mirarla a los ojos y decirle que la abandonaba .

Montó en su moto, y camino del aeropuerto, pensó en Blanca, no podía irse sin decirle nada, paró en una gasolinera de carretera, donde compró un sobre y le escribió una carta, una carta de despedida y de perdón, en ella le decía que no podían seguir juntos y que se marchaba a Norteamérica con Rosa, de la que estaba enamorada. Guardó la carta en su mochila y partió en su moto hacia el aeropuerto esperando encontrar un estanco para comprar un sello y un buzón de correos.

Un conductor borracho le arrolló antes de que pudiera echar la carta al correo, la cual se perdió en el olvido para siempre.

Hoy, Blanca y Azul, viven juntos en otra ciudad, él, tetrapléjico, en silla de ruedas, forma parte de un proyecto de investigación sobre un ensayo clínico del Hospital nacional de parapléjicos de Toledo, ella logró una plaza como personal sanitario en dicho hospital, donde forma parte como ayudante fisioterapeuta del equipo de investigación.

Rosa partió hacia América, donde encontró fama y gloria y nunca se preocupó, pasados los primeros días de enojo y frustración, de la vida o muerte de Azul. Y de tarde en tarde, Blanca y Azul contemplaban en la pequeña pantalla y en las revistas del corazón los “affaire” de la futura diva del celuloide.

Parte del relato está basado en la película Entre dos mujeres, de 1994, de la Paramount, del director Mark Rydell, con la actuación de : David Selby, Lolita Davidovich, Martin Landau, Patricia Harras, Richard Gere, Scott Bellis, Sharon Stone.

3 comentarios

Jugador_S -

Gracias, chicas.

white -

bienvenido al mundo de los blog, frio, solitario y lleno de grandes momentos para los que nos gusta echar una ojeada a los rinconcitos de los demás.

Como siempre magnífico,un abrazo muy fuerte

Octavia -

No me puedo creer que sea la primera...enhorabuena , campeón , hay que ser muy valiente para meterse solito en estos líos.

Suerte en tu andadura.